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La huelga de transportistas, o cómo es posible que la gente sea más estúpida que mi pene
Llevo algunos días oyendo hablar al populacho sobre la imparable escalada de los precios y sus consecuencias para nuestros bolsillos. Es curioso, pero cuando se trata de resolver los problemas económicos del país, hasta el más necio se convierte en un experto economista. Esta mañana, sin ir más lejos, he visto a Massiel dando una ‘clase magistral’ sobre la crisis y sus devastadores efectos a corto y medio plazo, no te digo más.
Básicamente, el pensamiento generalizado es que “los políticos nos llevan a la ruina”. Si el que subscribe es votante del PP, la queja es más concreta: “Zapatero nos lleva a la ruina”. Pero ándate con ojo si pretendes hacer oposición a uno de estos individuos, porque razonar con ellos es como intentar explicar a una cabra la razón por la que no debe comerse el espumillón que rellena el sofá.
El detonante de la crisis actual, como no puede ser de otro modo, es el vil metal. La imparable escalada de precios, en cuyo trasfondo se encuentra el petróleo, y la subida de los tipos de interés, han hecho saltar por los aires la confianza y la paciencia de una muchedumbre enfervorecida.
No. En ambos casos, Zapatero no tiene la culpa. De otras cosas puede que sí, pero de llevar al país a la ruina ya nos encargamos nosotros solos. ¿Por qué? Vamos a ver.
1. El petróleo, ese gran desconocido
El petróleo es un bien escaso. Como bien escaso que es, la producción se encuentra limitada y la pujanza de los tigres asiáticos, tal que China, hacen que la demanda supere con creces a la oferta actual de oro negro. La consecuencia inevitable es que, a mayor demanda, los países miembros de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) se encuentran en disposición de subir el precio.
La gran pregunta es, ¿cuánto? Pues, desgraciadamente, tanto como quieran. Esto no es como vender naranjas, que todo el mundo puede producirlas y, si no te gusta el precio, se las compras a otro o te las cultivas tú mismo. O le compras el crudo a la OPEP, o no compras, así de simple.
¿Es España miembro de la OPEP? No. En España no hay petróleo. Lo peor no es que no haya petróleo, es que además, para producir la energía que necesitamos, la que se chupa nuestro coche, nuestro aire acondicionado, nuestras bombillas de bajo consumo o nuestra pobre y maltrecha industria, requerimos petróleo.
“Bueno, hay energía hidroeléctrica”, dirán algunos. Sí, haberla, hayla, pero en España lo que no hay es tantos ríos ni tanta agua, y, por consiguiente, no hay suficientes saltos de agua para generar la energía que consume el país.
“Y qué hay de las renovables, como la solar o la eólica”. A largo plazo estaría bien, pero aún no es del todo rentable producirla, y te recuerdo que el problema lo tenemos HOY, no a largo plazo, y las soluciones deben estar orientadas en este sentido.
“También podrían rebajar el precio de la gasolina, que he oido que el 50% son impuestos“. ¿Y qué solución sería esa? A la larga, el precio seguirá subiendo, y rebajando el impuesto sólo conseguiríamos mermar la capacidad de actuación del Estado, que tendría que reducir su financiación en la Sanidad o la Educación. Además, deberías saber que la mayoría de ese impuesto va a parar a manos de la Unión Europea, y no a las del Gobierno español, que apenas se queda con veintitantos céntimos del total para destinarlas al Estado del Bienestar. No, aquí no se puede hacer nada, o mejor dicho, mejor no hacer nada.
La solución, mal que nos pese, pasa por comprar una bici, ahorrar energía y aguantar la que está cayendo. A medio y largo plazo, por supuesto, se deben mejorar las infraestructuras para reducir los costes del transporte de mercancías y pasajeros, véase líneas férreas al más puro estilo de la Europa central. Más aún, si queremos reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, mucho me temo que tendremos que invertir en impopulares centrales nucleares, a la espera de la fusión fría, y aguardar con calma a que la nueva generación de automóviles incluya la ansiada pila de combustible para sustituir a la flota actual de petróleo-dependientes. Aquí el Estado sí que tendrá culpa y margen de maniobra suficiente.
Resumiendo muy mucho. A menos que el señor José Luis Rodríguez Zapatero tenga un pozo petrolífero en su jardín, no se le puede culpar de nada más que de falta de reflejos para esquivar la lluvia de improperios.
2. Los precios se hacen mayores
La subida de precios viene motivada por el punto anterior. ¿Cómo se llevan los productos del punto A al punto B? Con camiones, barcos, etc. Medios de locomoción que se valen de gasoil para su cometido. Pues ya está. Si vale más mover el producto, vale más el producto, esto es matemática y sentido común.
¿Acaso tiene Zapatero un camión y se dedica a transportar ganado? Creo que no.
Ahora bien, sí es cierto que transportistas y pescadores lo pasan mal, pero… ¿qué le vamos a hacer? Las reglas del juego son iguales para todos, queridos amigos, y si no os gustan, siempre podréis huir a algún paraíso comunista, que creo que en Cuba viven todos como reyes.
Si la flota gallega no puede competir en costes con la marroquí… renovarse o morir, amigos. Que hay que ver los barcuchos con los que salen a faenar, no me extraña que no les salga rentable. Hay que invertir en capital, en renovar la flota, que sin ambición no se llega a ninguna parte, y en este mundo sólo los más fuertes sobreviven. Además, si tan poco pagan y tantos intermediarios hay… ¿por qué razón no son ellos mismos los que hacen llegar el producto al consumidor? ¡Qué bien vivimos, compañero!
Tiene difícil solución lo del carburante, sí. Pero su guerra, no os equivoquéis, no es la nuestra. Están perjudicando al consumidor y aumentando más los precios. Ellos son, en su mayoría, autónomos sin dueño ni amo. Pactan sus precios por transporte libremente, y según lo que declaran, pagan unos impuestos. Pues bien, resulta que además de reducirles los impuestos, poco se puede hacer por ellos. Sólo corren el riesgo de que otro lo haga más barato, pero entonces, ¡no me jodas! ¡Simplemente se trata de que no quieren trabajar en un mercado de libre competencia! Pues bienvenidos al mundo real, en el que siempre hay alguien que lo hace más barato.
¿Acaso pretenden que el Estado les pague el gasoil con el dinero de todos los españoles? Pues va a ser eso.
3. Mi hipoteca, peor que un hijo tonto
¿Tienes una hipoteca contratada a interés variable? Lo siento por ti. ¿Acaso fue Zapatero a verte para convencerte de que compraras una casa? Lo dudo.
Para mí, como ahorrador, es un buen momento. Los intereses que me ofrecen son muy atractivos. Yo pago al contado, para evitarme los intereses, y no tengo prisa por comprar una casa, y menos mientras veo como los precios se desploman.
“Una vivienda es una buena inversión”, “los precios de las casas nunca bajan”, “alquilar es tirar el dinero”… ¿cuál de tus amigotes ha hecho las veces de asesor financiero y ha soltado alguna de estas perlas? Pues cuando te lo cruces, pártele los dientes, porque ahí tienes a tu culpable. Y la próxima vez, consulta a un profesional. Ojo, profesional, no promotor inmobiliario ni comercial bancario.
La estabilidad económica, que es una cosa de la que ya hablamos aquí, tiene mucho de variable. En economía existen ciclos de expansión y ciclos de reajuste o recesión. En 1991 hubo una crisis importante y, hasta hoy, no nos habíamos acordado de ella.
Ahora, llama de nuevo a nuestra puerta. Los bancos han cometido ciertos excesos y han dado dinero a gente que no era de fiar. Ahora que pintan bastos, se recluyen en sus madrigueras y suben los intereses, léase Euribor. Fijar el tipo de interés, que es más o menos lo que se estima que cuesta el dinero, es cosa del Banco Central Europeo, no de ZetaPé, así que ya sabes quién NO tiene la culpa de que te suba la hipoteca, patán. Huelga decir que, a mayor inestabilidad e incertidumbre, como sucede actualmente, mayor es el tipo de interés que fija el Banco Central.
Insisto. Te has dejado engañar, y lo siento, pero la culpa de comprar una casa en esas concidiones, querido amigo, es sólo tuya, y de nadie más.
4. Conclusión a grandes rasgos
La cosa está muy mala, es cierto. Pero la verdad es que el Gobierno no puede hacer nada, más allá de capear el temporal y esperar tiempos mejores. La crisis es mundial.
Lee libros y revistas de divulgación, estudia modelos económicos, repasa la historia económica pasada y reciente, comprende las peculiaridades de la organización económica mundial actual, y reposa en casa todos estos conceptos para emitir un juicio de valor, que proponga soluciones al conflicto y no una mera crítica sin fundamento. Pero por favor, deja de escuchar la Cope y léete el programa del PP la próxima vez antes de votarlos. Ni España se rompe, ni Zapatero es el diablo.
Dios bendito, que esto es como culpar al Gobierno de que se me haya estropeado la lavadora o de que mi perro ladre de madrugada.
Recordad que más vale ‘parecer imbécil, que abrir la boca y confirmarlo’.
Crisis inmobiliaria, financiera y de confianza
Tenemos el blog que parece un descampado. Lo sé, da penita, pero sólo puedo prometer que cambiaré.
Para redimirme, he decidido facilitar información clasificada, de la que circula por la Red de Redes desde hace un mes aproximadamente, y que a estas alturas ya es de dominio público. Parece provenir de la cosecha privada de Don Leopoldo Abadía, ilustre profesor del IESE Business School ahora en el Grupo Sonnenfeld, y se trata de una explicación magistral de la crisis actual que padecemos.
El tocho supongo que vería la luz hace algún tiempo, pero llegó a mi pantallita gracias a ser portada de Menéame con tropecientos mil meneos, vía Nacho Giral, que es a su vez Socio Fundador y Director General de Viajes de atrapalo.com. Así que ya veis, recién salido del horno, información de candente actualidad. Pero bueno, si es que hubiera alguien aún que no tenía conocimiento del asunto, que ya es raro teniendo en cuenta la rapidez a la que funciona en la Net española el ‘copy- past’ y la poca variedad de contenidos que provoca esta barbarie de fusilamientos en masa, yo lo dejo caer.
Me vais a permitir que no reproduzca aquí el documento íntegro, pero hay razones para ello. En primer lugar, están las cuestiones éticas y morales, ya que no me parece correcto aprovecharme del trabajo de otros sin enriquecerlo una miajica siquiera. Por otro lado, tenemos que se trata de un texto bastante extenso y que puede llegar a cansar a quien no le interese realmente el tema, por lo que optaré por redirigir al contenido original y dejar a vuestro libre albedrío su estudio. Por último, aun sin saber a ciencia cierta si Nacho fue el primero, creo que se ha hecho merecedor de la gloria y el consiguiente tráfico a su favor, que para eso la World Wide Web nació con una clara orientación al hipertexto. Así que ya sabéis, si tenéis un rato y todavía no sabéis de qué va esto de la crisis, realizad una buena lectura comprensiva de este artículo.
El resumen que voy a hacer en diez puntos de la crisis actual no lo explica todo al detalle, como es lógico, pero sirve para la misión que me ha sido encomendada. Vamos a ello.
1. Estamos en el año 2001. La Reserva Federal de EEUU baja el precio del dinero, del 6′5% al 1%. Los tipos de interés, en general en todo el mundo, se reducen de forma nunca vista y durante un largo período de tiempo.
2. El mercado inmobiliario, sector en alza, lo aprovecha. La gente se lanza como loca a comprar casas y éstas duplican su valor rápidamente. Una simple Ley de oferta y demanda. Hay relativamente poca oferta para la ingente cantidad de compradores que llegan amparados por unos intereses bajísimos.
3. Los bancos ven dinero fácil y empiezan a conceder créditos hipotecarios de alto riesgo. Surge el término subprime, es decir, hipotecas concedidas a personas sin ingresos fijos, sin empleo fijo y sin propiedades, en inglés denominados ‘ninja’ (no income, no job, no assets), que tienen un riesgo medio-alto de impago, en contraposición a las hipotecas prime, con un bajo riesgo de impago. Por supuesto, cuanto mayor es el riesgo del crédito mayor es el interés que se cobra, así que todos contentos.
4. Bonanza económica mundial y efectos de la globalización. Los bancos y cajas se prestan dinero unos a otros alegremente, que es reinvertido en la concesión de nuevos créditos hipotecarios. Como garantía de pago, los bancos empiezan a vender sus derechos de cobro en paquetes financieros “titulizados”, es decir, los créditos hipotecarios que tienen contratados con sus clientes corren ahora de mano en mano como forma de pago para financiar nuevos préstamos hipotecarios. Un bola del copón, vamos.
5. Crece la burbuja. Los precios están desbocados, la demanda parece insaciable, y las promotoras echan humo. Los bancos y cajas alimentan la situación y obtienen beneficios record. Como nada en este vida, es infinito, salvo el universo en sí mismo y la codicia de unos cuantos, se masca la tragedia.
6. La burbuja acabó por explotar. Todo lo anterior se basaba en que los ‘ninja’ pagarían sus hipotecas, pero en 2007 sucedió que los precios de la vivienda en EEUU se desplomaron. El mercado inmobiliario daba síntomas de agotamiento y se empezaba a colapsar. Resultó que los norteamericanos se dieron cuenta de que estaban pagando por sus casas mucho más de lo que en realidad valían.
7. El mercado terminó por colapsarse, ya que las ventas se habían parado en seco y a la oferta de los promotores había que sumar ahora la de los particulares. Los precios cayeron en picado. La situación económica dejó de ser buena y algunos ‘ninja’, sencillamente, no podían o no querían pagar. Otros optaron por quemar la casa e intentar estafar al seguro, eso quedó a gusto del consumidor.
8. Llega la crisis financiera. Los paquetes financieros que se vendían los bancos ya no valen nada y todos quieren recuperar su dinero. El dinero ya no rula tan alegremente, las cámaras están vacías y los ratones tristes llorando en una esquina. En España, bendito país, los bancos al menos están obligados por Ley a tener una buena reserva de dinero, así que no resuena tanto el eco en las cámaras acorazadas. En cualquier caso, hay bancos que no disponen de dinero efectivo, la crisis de liquidez, caso del Northern Rock en el Reino Unido, el American Home Mortgage y el First Magnus Financial en EEUU. Llegan las primeras quiebras y las suspensiones de pagos del sector inmobiliario. En definitiva, llegan las madres mías.
9. Por extensión, el pequeño ahorrador de Llanes, ganadero de profesión, que se creía al margen de la crisis, se ve afectado. El dinero que celosamente ha ido amontonando en su cuenta, ha sido prestado por su banco a otro banco, que a su vez se lo ha prestado a un ‘ninja’ para su hipoteca, cosas de la globalización, y ahora resulta que ese dinero… sencillamente ya no existe físicamente.
10. Al final, la crisis se ha transformado en una crisis de confianza. Los bancos no se fían unos de otros, así que aumenta irremediablemente el valor del dinero. Suben los tipos de interés y se endurecen las condiciones para obtener un crédito ante el creciente riesgo de impago. La cosa se pone fea y nos echamos las manos a la cabeza.
En conclusión, resulta que la crisis nos afecta a todos de un modo u otro.
La bola ya ha empezado a rodar. ¿Cuándo parará? Nadie lo sabe con seguridad. De momento, se ve mierda hasta donde alcanza la vista. Dicen que es peor que la Crisis del 29. ¿Cuánta gente veremos esta vez saltar por las ventanas?
Solbes se cubre de gloria
Después de recomendarnos a todos que nos pasáramos al conejo navideño, después de insinuar que la subida de precios se debe a que no hemos interiorizado lo que vale un euro, Don Pedro Solbes vuelve por sus fueros y dice ahora que “Europa está preparada para una desaceleración”.
Ojo. Yo no dudo de que Europa esté preparada para afrontar una desaceleración económica. De lo que dudo es de que este señor se haya enterado de que a lo que nos encaminamos en España, bendito país, es a una crisis con todas las letras, no a una mera desaceleración. Es lo que tiene poner de Ministro de Economía a un tipo que se ha doctorado en Ciencias Políticas y se ha licenciado en Derecho, que en cuestiones monetarias, el señor Vicepresidente Segundo es más bien un autodidacta.
España, mal que nos pese, no es Europa, al menos económicamente, y por tanto la situación que se vive en los distintos ámbitos no es extrapolable. En España, el crecimiento del PIB se ha basado en el ladrillo. La lógica consecuencia de no tomar medidas es la que vivimos hoy: el ladrillo se marchita, los empleos se columpian y el crecimiento del país se va al carajo.
Nuestra economía no es competitiva ni productiva. Con un profesor de mi Facultad, comentábamos no hace mucho en clase que “difícilmente Europa liderará en las próximas décadas al mundo, pero es que España no lo hará jamás”. Hacía este comentario en alusión a la inversión I+D que realizaba España. Mientras EEUU y Japón destinaban el 3% de su PIB a I+D y en Europa se destinaba de media un 2%, en España apenas llegábamos a destinar un 1%, y redondeando al alza. Pero es que te da la risa cuando ves que en los Presupuestos Generales, el Gobierno mete en I+D cosas como la reparación de tanques o la compra de aviones de combate de segunda mano, hasta un 30%. Lamentable.
Pero si queremos convertir esta herida en lacerante, baste observar que España (6.800 millones $) destina en su conjunto menos capital a I+D que la estadounidense Ford (7.200 millones $) y casi lo mismo que la europea Siemens (6.000 millones $). Todos estos datos para el año 2002.
Está bien, en España el entramado económico está formado por Pymes. Es difícil que la pequeña y mediana empresa se meta en estos ‘embolaos’. Pero, ¿qué es más productivo? ¿Un euro invertido en investigación por el Gobierno, que no depende de los resultados para continuar su actividad? ¿O un euro invertido por capital privado, que sí puede obtener grandes beneficios de la misma investigación? Por el interés te quiero, Andrés.
El empresario innovador tiene una ventaja, ya lo dijo Schumpeter. Pero éste es otro tema.
Volviendo con el señor Solbes, parece ser que desde la Moncloa siguen con atención el desarrollo de los acontecimientos para tomar medidas. Este hombre no debe haber escuchado nunca eso de que “más vale prevenir que curar”, porque de otra forma no se explica. ”A ver si vamos a solucionar algo antes de tiempo, que están las elecciones aquí encima… mejor nos enmierdamos un poco”.
“No hagamos caso de las señales”, podría ser la postura oficial de nuestro ministro. Para él, que la Bolsa española haya perdido un 17% desde principio de año y se dejara un 7% ayer mismo, como consecuencia de los malos datos económicos que se van conociendo, es una situación que “no debe exagerarse”. El FMI dice que la cosa es “seria”, pero qué van a saber éstos comparados con nuestro Ministro de Economía sin título de Economía…
Todos tranquilos. Que las cortinas estén ardiendo no debe preocuparnos. Ya habrá tiempo de preocuparse cuando empiecen a arder los muebles.
