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A debate: Cómo medir la eficiencia laboral

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Siguiendo un poco en la misma línea que el debate de la semana pasada, pero con un enfoque distinto, el dilema planteado en este post gira en torno a los indicadores de la eficiencia laboral.

En economía se entiende por eficiencia la capacidad para lograr un fin empleando los mejores medios posibles. Trasladando la definición al ámbito laboral podríamos decir que la eficiencia es la capacidad para lograr las tareas propuestas con el mejor resultado posible, es decir, utilizando el mínimo de recursos. Podríamos hacer además una simplificación/asimilación de los conceptos eficiencia y productividad, definiendo como productividad la relación entre lo producido y los medios empleados para ello.

Llegados a este punto, la pregunta siguiente es; ¿cómo mide la empresa la eficiencia del trabajador? En España ocurre algo curioso, y es que en el ámbito laboral se entiende que es más productivo el empleado que pasa más tiempo en su puesto de trabajo, pues se mide el concepto de productividad en función de este baremo. Así pues, en muchas empresas se penaliza al trabajador rápido, eficiente, que termina sus tareas en un menor tiempo y por tanto no tiene necesidad de trabajar por encima de su horario laboral.

Se suele decir de estos empleados que se les cae el boli cuando llega la hora de salir, y se les culpa de poco compañerismo porque nunca hacen horas “extra” y sus compañeros sí. No obstante, su argumento de defensa es el retrato de aquellos empleados que cada día se quedan un rato más, aparentemente haciendo un sobreesfuerzo para realizar más cantidad de trabajo, sacrificándose por la empresa. Sin embargo, en muchos casos estos empleados son menos eficientes a lo largo de su jornada laboral, y lo que hacen es una campaña de marketing de sí mismos, puesto que, como venimos diciendo, en este país hacer horas extra da puntos. Al mirar los resultados globalmente, aunque hayan pasado una media de seis horas semanales más en su puesto de trabajo su nivel de productividad no es mayor que el de los que se marcharon a su hora. Otras veces ocurre que el resultado del trabajo de estos empleados sí que tiene una calidad visiblemente superior, de manera que interviene en el proceso un concepto difícilmente reducible a números.

En otros países, especialmente en el norte de Europa, hacer una jornada laboral mayor de la que se propone inicialmente es indicativo de ineficiencia, puesto que se entiende que la persona no sabe gestionar bien su tiempo, con lo cual, necesita más para hacer el mismo trabajo que un buen empleado haría mucho más rápido.

Así pues, la pregunta del millón es; ¿es más productivo el empleado que trabaja más tiempo o el que obtiene mejores resultados?


A debate: ¿Puntualidad en la empresa?

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Todo el que haya tenido una vida laboral más o menos larga se ha dado cuenta de que cada empresa es un mundo, y la exigencia de puntualidad es uno de los aspectos en los que más se nota.

Desde el jefe pesado, que te mira mal si llegas a las 9:01 (porque tu minuto de retraso le ha hecho perder un x % de los beneficios), hasta las empresas que se enorgullecen de la “flexibilidad horaria”, gracias a las cuales el empleado se puede ahorrar cada día un buen rato de atasco simplemente por llegar media hora más tarde o más temprano, la variedad de posturas respecto a la puntualidad es tan amplia como el número de empleados y empleadores.

Pero, ¿afecta la puntualidad de los empleados a la imagen de la empresa?¿Qué pensamos como clientes cuando llamamos a una empresa a las diez de la mañana y no hay nadie para atendernos? En muchas ocasiones, el jefe es el primero que se salta la norma. ¿Debe predicar con el ejemplo?.

Además de afectar a la imagen, ¿afecta también a la productividad y a la organización de una manera negativa?

Por otro lado, desde el punto de vista del empleado, ¿qué es preferible, un horario extricto y exacto, o un horario de entrada y salida flexible? Quizá el trabajo perfecto sería aquel donde pudiéramos elegir nuestro horario cada día, en función de nuestra agenda personal… ¿estamos soñando?