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Los planes de estímulo

Despúes de trimestres de crisis, con toda la historia que todo sabemos de las hipotecas subprime, burbujas, etc. LLegó un punto en que algo había que hacer. Y en ese momento llegaron los planes de estímulo.
El funcionamiento es sencillo y además en España somos testigos del famoso Plan E que tiene casi todas las aceras de España patas arriba. En este punto hay dos vertientes, dos frases:
La primera: “Hagamos pirámides, aunque no sirvan para nada”.
La segunda: “El peligro de las carreteras hacia ninguna parte”.
Estas son las dos caras de una misma moneda. Por un lado, “hacer pirámides” es la forma de poner dinero en la economía y hacer funcionar el sistema productivo de una forma, más o menos, artificial. En el lado opuesto de la moneda, están los que opinan que gastar en tiempos de crisis está bien, pero gastar los recursos en cosas que incrementen la eficiencia de la economía está aún mejor.
Así que en las dos preposiciones podemos estar de acuerdo casi todo el mundo. También podríamos estar de acuerdo que algo había que hacer para que todo el sistema no se viniera abajo. Se puede criticar que se podría haber actuado mejor, no haber ayudado tanto a los bancos, pero como se suele decir: “es mejor pasarse que no llegar”.
Ya habrá tiempo en su momento para pedir compensaciones a los bancos por este esfuerzo especial. Además de los intereses que se podrían cobrar por las ayudas (de hecho creo que hay algún tipo de interés fijado), se podría poner cuando la situación mejore algún tipo de impuesto especial a los bancos por el esfuerzo del Estado en ayudar a las banca. Podría ser, por ejemplo de un 0’5% de los ingresos brutos.
La cuestión es que este esfuerzo que todos hacemos no le puede salir a los que provocaron este problema gratis.
