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Fijar un precio: Teoría Vs. Realidad
En mi carrera, el mundo gira en torno a la maximización de beneficios. Para hacer esto en el mundo real, uno debe actuar primero en lo que más a mano tiene, que son los costes propios, y después estudiar a los potenciales consumidores, la elasticidad de su demanda y su disposición a adquirir nuestro producto en función al precio, para determinar en último lugar el propio precio de venta.
Esto, claro, es a grandes rasgos, ya que todavía faltarían por estudiar muchos otros factores para determinar nuestros márgenes y adecuar nuestras expectativas de negocio a corto, medio y largo plazo. Pero para lo que quiero tratar de explicar, con lo dicho hay más que suficiente.
Inmigrante y empresario (2ª parte)
Este artículo, continuación del anterior “Inmigrante y empresario; una combinación cada vez más habitual”, examinará los tipos de negocios impulsados por inmigrantes extracomunitarios en España según diferentes criterios, y cuales son tanto los beneficios como los conflictos generados socialmente debido a esta circunstancia.
Todos hemos ido alguna vez a comprar la salsa de tomate para los espagueti que se nos olvidó coger en el súper a la tienda de alimentación regentada por pakistaníes que cierran casi a media noche.
Inmigrante y empresario; una combinación cada vez más habitual
Inauguro mi colaboración en este blog con un asunto que viene atrayendo mi atención desde hace algún tiempo.
Cuando voy a comprar a la carnicería ya no es Pepa quien me corta los filetes, sino Mustafá. En la frutería es Sandor, con su acento mexicano, quien me pregunta “qué va a ser hoy”. Según estoy escribiendo me acuerdo de Héctor y María, una pareja de amigos chilenos que acaba de montar una productora de vídeo.
Por un lado los comercios de barrio de toda la vida están siendo abandonados por los comerciantes españoles y es el colectivo de inmigrantes extracomunitarios el que está supliendo esta vacante. Por otro, este colectivo tiene una motivación emprendedora creciente, amplias redes de contactos y una visión de la conformación social de las ciudades extraordinaria.
En conclusión, el color de las empresas españolas está cambiando, volviéndose más rico y variado. Y no lo digo yo, sino las cifras.
En primer lugar, ya nadie se cuestiona que este país hace años que ha dejado de enviar emigrantes al extranjero para pasar a recibirlos. En los 80, la mayor parte de flujos migratorios provenían del norte de África, en los 90 cedieron paso a Latinoamérica y actualmente una nueva frontera se abre hacia el este de Europa. Hoy en día el 10% de la población censada es de origen extracomunitario.
Según la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos, uno de cada cuatro nuevos autónomos es inmigrante. Así, de los 22.053 trabajadores por cuenta propia que se dieron de alta de enero a marzo de este año, 5.523, es decir, un 25%, fueron extranjeros. En total, 240.957 inmigrantes tienen su negocio propio en España.
La consecuencia directa a esta nueva situación es el replanteamiento de los estereotipos que tenemos sobre ellos. Aunque nos gusta pensar que no somos excesivamente xenófobos, y los conflictos raciales son muy esporádicos, en muchas estadísticas aparece la inmigración como uno de los mayores problemas sociales, y los encuestados opinan que es excesivo el número de inmigrantes que acoge nuestro país.
Tradicionalmente se relaciona a este colectivo con inseguridad, comportamientos delictivos y drogas. Se piensa, por desconocimiento, que se trata de personas escasamente formadas y de bajo nivel cultural, que son capaces de trabajar por salarios inaceptables para los españoles y que se autoexcluyen, formando sus propios guetos.
Lo cierto es que las cifras demuestran su actitud emprendedora y su preparación profesional para acometerla. Y si bien es cierto que aprovechan en primer lugar sus redes sociales (conocidos, familiares) y las necesidades existentes en su entorno, los negocios de empresarios inmigrantes se están dispersando territorialmente, superando las barreras tanto idiomáticas como culturales o religiosas. El imperativo económico de obtener la mayor cantidad de clientes posible impera sobre cualquier otra consideración.
El resultado es, como anticipaba, un enriquecimiento no sólo para el propio empresario sino también a nivel social. Se crea empleo, se revitalizan barrios tradicionalmente marginados y se favorece tanto la integración social de ciudadanos extracomunitarios como el intercambio cultural.
