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Planificación = Ahorro

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Para la vuelta al cole, he decidido inaugurar la sección con nuestro primer econoconsejo.

Hoy vamos a empezar por lo fácil. La economía doméstica, por definición, es aquella que se refiere a los conocimientos y técnicas utilizados en aspectos prácticos de la vida cotidiana y del hogar. Vamos, lo que hacemos en casa para intentar ahorrar unas pelas. Fácil, ¿no?

Esto que parece tan sencillo, es para algunos muy difícil de aplicar a su rutina. Intentaremos, en muy pocas líneas, facilitar la tarea ahora que las hipotecas amenazan con devorar a nuestros hijos.

Un hogar debería funcionar como una pequeña empresa, pues al fin y al cabo tiene muchas similitudes con una de ellas. Los ingresos vendrían a ser los salarios de cada uno de los miembros que integran el núcleo familiar. A los gastos los conocemos bastante bien. El objetivo, al igual que en una empresa, es el de maximizar beneficios. Por supuesto, el beneficio es el resultado de restar los gastos a los ingresos, y dado el hecho de que no podemos influir de manera inmediata sobre lo que ganamos, deberemos controlar de manera eficiente y racional el gasto que realicemos. Vamos, lo que de toda la vida se ha llamado ahorrar.

La mejor manera para ahorrar, al igual que en una empresa, es siempre anticiparse, planificar y realizar un presupuesto.

Con la cuenta de gastos deberemos ser realistas. No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades. No podemos gastarlo todo, pues con el primer sopapo que nos dé la vida nos veremos con el agua al cuello. Se hace conveniente, como en una empresa, tener un fondo de reserva, que será lo que podamos ir ahorrando mensualmente de nuestro jornal. Sin lugar a dudas, y siempre que fuera posible, yo recomendaría meter en este fondo de reserva entre un 25- 30% de los ingresos totales de la unidad familiar, pero siempre dependerá de la fortaleza de nuestra situación laboral y económica.

Los gastos fijos, tales como el pago del alquiler o la hipoteca, el coche o las facturas son innegociables, al menos a priori. El objetivo es vivir cómodamente, y no vernos apurados ni esclavizados. Una hipoteca no debe comerse más del 30% de los ingresos totales. Si así fuera, es que deberíamos optar por el alquiler, al menos hasta que mejore nuestra situación y hayamos decidido establecernos definitivamente. Esto es algo que cualquiera con unos conocimientos mínimos en economía podrá confirmar, pero que parece que no cala entre jóvenes y no tan jóvenes.

A su vez, un coche es un instrumento que debe facilitar nuestra rutina, más allá de ser un símbolo de posición social, y por ello creo que debe meditarse muy bien su adquisición. Queremos ser realmente felices, no aparentar que lo somos. Desde luego, si el transporte público mejorase, yo os animaría encarecidamente a todos a utilizarlo, pero de momento sólo puedo animaros a pillar la bici, que es lo que yo utilizo para moverme por la ciudad, y voy la mar de cómodo, por cierto.

Con nuestro banco intentaremos negociar para la supresión de las comisiones, así como la apertura de una cuenta que nos permita obtener cierta rentabilidad, al menos para no ir perdiendo poder adquisitivo por la inmovilidad de nuestro capital.

Sí podemos influir en la parte que corresponde a los gastos que denominamos variables, como son el gasto en alimentación, en vestir y en ocio. Muchos detalles juntos hacen bulto, así que céntimo a céntimo ganaremos un pequeño extra. Comprar semanalmente y hacer una lista con el menú, incluyendo los días que comeremos fuera como un pequeño lujo, nos ayudará a reducir el gasto. Personalmente, soy de los que sale con un sandwich o un tapper de casa por si le da hambre, y llevo mi botellín de agua a todas partes. Hay gente a la que esto le da cierto reparo, pero yo me ahorro diariamente unos euros que otros gastan en prevenir su sonrojo. Planificar bien la compra semanal, nos evitará gastos extra e inútiles, además de otorgarnos pequeños descuentos en grandes superficies.

Con la ropa que usamos ocurre lo mismo. No podemos caer en el truco de las rebajas, que nos hace adquirir artículos que no necesitamos, sino que deberemos ir renovando el armario de acuerdo a lo que nos haga realmente falta durante el año. De otra forma, estaríamos tirando el dinero.

¿Ocio y tiempo libre? Claro hombre. Yo me declaro abiertamente amante de la buena cerveza, y eso sale caro. Pero por mucho que nos pese, tendremos que asignarnos una pequeña paga, que deberá ser lo que sobre después de ingresar el fondo de reserva.

Todos los gastos deberán ser estimados y cuantificados cada mes, haciendo malabarismos para cuadrar todas las cuentas. Pero si somos constantes y fuertes, todo irá bien.

De momento esto es todo. Según vaya creciendo la cuenta del fondo de reserva, podremos estudiar la posibilidad de meter a plazo fijo una cantidad importante , aprovechando los altos tipos de interés, que nos darán un pequeño extra cada mes para, o bien reinvertirlo o bien gastarlo sabiamente. A la larga, quizá ahorréis lo suficiente como para no tener que trabajar nunca más.