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Shall we dance?

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Pues lo dicho. ¿Bailamos?

Ahora que  estamos en verano y la gente sólo piensa en desparramarse por las playas, me gustaría proponer un ejercicio de visualización. La cosa es bien sencilla. Algunos ya gozarán de un buen status laboral, pero otros, en cambio, seguirán dando bandazos por la vida de contrato temporal en contrato temporal, a la caza y captura de la ansiada estabilidad. Llegado el verano, es buen momento para hacer balance.

¿A dónde me lleva esta relación?

¿Realmente quiero comprometerme para toda la vida?

¿Es esto lo que realmente quiero?

¿Cómo me veo de aquí a diez años?

¿Vale la pena tanto sufrimiento?

¿Ficho por un club grande o me consagro como Rey de los Mediocres?

Así podríamos estar preguntándonos gilipolleces hasta que el sol nos traspasara la piel y nos entraran ganas de ir dando saltitos por la arena para refrescar el gaznate con una jarra de cerveza helada. Quizá podríamos aprovechar esos escasos momentos de lucidez para trasladar las preguntas existenciales a la comodidad del hogar, y reflexionar sobre nosotros mismos y nuestro futuro, en lugar de ahogar nuestras penas y sueños de futuro en alcohol.

Estas preguntas, más propias de un joven cuya relación sentimental hace aguas, son las que asaltan también a quien no se siente cómodo con su trabajo. Al fin y al cabo, una mujer y una empresa no son tan diferentes. La duración del compromiso no está determinada, y a pesar de que medie un contrato indefinido o un matrimonio, nadie te asegura que, un buen día, no te darán la patada.

¿Recuerdas el día en que empezásteis? Todo fue como en esos bailes de las películas americanas, en las que un pillastre vacía la petaca en el ponche. Tú ibas un poco trompa, y la sacaste a bailar. El baile terminó y la música dejó de sonar hace años, pero vosotros seguís bailando juntos. Ya sea mujer o empresa, la cosa es parecida. Al principio te pellizcaban el culo, pero ahora te tienen bien agarrado por los cojones.

Vuelve a repasar las preguntas.

Si te gusta tu vida, sigue adelante. De no ser así, te comento un poco lo que les gusta a las nenas jurídicas hoy en día. Las nenas jurídicas son empresas, y para ellas, en el mejor de los casos, tú no eres más que un medio para conseguir sus fines.

Si crees que la vida te tiene preparado algo mejor, prepárate tú para la vida. La formación es básica, y cuanta más y mejor formación recibas, en mejor y mayor estima te tendrán las empresas. La estima de las empresas, suele medirse en billetes.

¿Formación es igual a estudios? Pues no solamente eso. Formación también es experiencia. La primera vez que “metiste en caliente”, la cosa no iría como tú esperabas, pero con práctica y buena voluntad casi todo se aprende. Aún así, es evidente que algunas cosas no se aprenden en la calle, así que deberías pensar en llegar lo más lejos que puedas, académicamente hablando.

“Una imagen vale más que mil palabras”. ¿Te suena la frase? Por mucho que a algunos les pese, todo entra por los ojos. Una imagen cuidada y un aspecto saludable son tu mejor referencia. Con esto no quiero decir que debas ir a diario con traje y corbata, eso sólo vale si eres un ejecutivo al que se le exige ir siempre bien presentable. Los ropajes siempre depende del ambiente en que te muevas, pero procura tener un buen aspecto. Hay cosas, como son la calvicie o una estatura algo recortada, que no dependen de nosotros, pero no son esos aspectos los que valoran las empresas. Que te sobren 30 kilos y tu dieta se componga de hamburguesas y pizzas, perdona pero eso sí. Si además le añades que el deporte te da alergia y no te gusta afeitarte… vas a tenerlo complicado, simplemente.

A menos que te llamas José Luis Rodríguez Zapatero, lo del talante no te va a hacer falta. Sí te hará falta tener la cabeza bien amueblada y bastante fría. La sensatez y la confianza son bienes muy preciados. Con el dinero no se juega, y menos cuando es de otros, así que más vale que quien lo maneje tenga los pies bien plantados en la tierra. Lo mismo vale para clientes, socios, compañeros de trabajo, etc, que en definitiva son los que hacen posible que la empresa funcione. En definitiva, ser diligente y respetable te hace ser importante.

Cuando tienes una entrevista de trabajo, hay veces que notas que hay feeling entre el de recursos humanos y tú. Buen rollito. Si acabas con la sensación de que el tipo te llamará para tomar unas cervezas, pase lo que pase, probablemente consigas hacerte con el puesto. Esta empatía es la que buscan en las empresas, y desearían poder llenar los despachos y oficinas con gente que cree un ambiente agradable de trabajo, un entorno distendido. No vendría nada mal poner en práctica las habilidades sociales, pues unidas a la sensatez y a la confianza en uno mismo, generan ese carisma necesario para convertir a alguien en pieza imprescindible allá donde vaya. Deberías saber que el 60% de lo que pase en una entrevista depende de este feeling entre tú y el de recursos humanos, y el resto depende de tu formación.

En España, todo el mundo tiene nivel de inglés medio. ¡Qué gran mentira! Yo diría más bien nivel Tarzán. El 75% de las empresas quieren que sepas inglés, pero un inglés fluído para un anglosajón, y no un chapurreo constante de palabrejas inconexas. Lo mejor es haber pasado una temporada en algún país tipo Inglaterra, EEUU o Suecia, en los que sobrevivir y sociabilizarse pase necesariamente por hablar correctamente inglés. Pero es que, además, ya no basta con saber hablar inglés. Yo, por ejemplo, también hablo francés, y bastante bien, sea dicho de paso, resultado de muchos años de estudio y práctica. Hablar dos idiomas es algo muy recomendable, pero es que si además te atreves con el alemán o el chino, las empresas se te rifarán.

La movilidad de los recursos es muy importante. Muchas grandes empresas, buscan ocupar sus cargos relevantes con gente dispuesta a cambiar de residencia. Curritos hay en todas partes, pero gente que destaque no abunda. Puede que tengas que cambiar de residencia, pero de ser así, casi seguro que valdrá la pena. ¿Estás dispuesto a salir de la cueva? Pues tienes mucho ganado.

Concentración es mejor que dispersión. No envíes tu curriculum a todo el mundo. Es mejor que elijas de antemano lo que a ti te parezca más interesante y te concentres en ello. Planifica bien tus acciones. Recuerda que pretendemos mejorar, y no quedarnos igual que estábamos.

El tiempo no corre en tu contra, no temas permanecer en paro unos meses. Es un error bastante común aceptar lo primero que nos tiran a la cara, y en muchos casos más vale persistencia y tenacidad, amén de mucha paciencia, para conseguir aquello que realmente queremos. Una buena paella no se hace en dos minutos, y tú no querrás comerte los granos duros. Espera a que llegue tu oportunidad, pero espérala activamente. Con la llegada del verano, las empresas pueden pensar en dar un giro a su actividad, y como los niños en septiembre, puede que el verano traiga nuevos alumnos el curso que viene. Los períodos de sustitución de verano te pueden proporcionar una plaza, si tienes suerte, así que jamás deseches una.

10º Por último, no olvides que vuelves a empezar. Al conseguir un puesto de trabajo, tendrás que pasar un período de prueba y evaluación, y seguramente de formación, que suele rondar los 4 u 8 meses. Antes de eso, no creas estar preparado para volar solo. No serías el primer polluelo que se despeña y acaba devorado por un gato. Tu salario, al principio, será “una puta mierda”, y tu esfuerzo y valía lo irán incrementando hasta convertirlo en “una vergüenza y un insulto”.

De momento, es todo lo que puedo decir al respecto. Esperemos que, la próxima vez, elijas mejor la pareja de baile.

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