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Profesiones en vías de extinción
Las profesiones normalmente suelen evolucionar en función de las necesidades del mercado. El paso del tiempo, la tecnología y el modelo de economía capitalista empujan a la extinción de oficios tradicionales. Nuestro ritmo de vida, acelerado hasta la extenuación, parece ser incompatible con oficios para los que se requiere tiempo, mucho tiempo, y amor por el detalle.
Herreros, alfareros, hojalateros, esparteros, barberos y todos aquellos que trabajan con las manos viven días de decadencia y recesión. Cada vez con menos clientes, y próximos a la extinción, recuerdan los días en los que eran elementos necesarios en el bullir de la ciudad. Vivían prósperamente gracias al duro esfuerzo, y consiguieron sacar a sus familias adelante.
Todas estas nos parecen ya profesiones del pasado, muchos de los más jóvenes no habrán visto nunca, por ejemplo, un afilador. Por cierto, hace un par de semanas me sorprendí gratamente al ver uno en barcelona, andando con su bicicleta cargada de cuchillos y hojas de afilar por la calle de la Luna, y tocando al mismo tiempo en su armónica esa característica melodía.
El caso es que hay otra profesión que hasta hace poco era muy común y ahora sufre el mismo camino; el butanero. La profesión es dura. Un repartidor mueve al día, de media, 3.600 kilos sobre sus espaldas (cada bombona pesa 12,5 kg), incluso más. Y en la mayoría de las ocasiones, deben subir las bombonas varios pisos sin ascensor, con horarios de sol a sol y están mal pagados. Además los precios suben y suben sin parar, en comparación con el gas canalizado, que cada vez es más barato y cómodo para los ciudadanos.
Se trata de un sector totalmente regulado por el Estado, tanto en cuestión de distribución como de precios. La revisión del precio del butano se realiza de forma trimestral mediante la aplicación de una fórmula automática que tiene en cuenta el coste de la materia prima, los costes de transporte y el tipo de cambio euro-dólar, y se publica en el BOE. En los últimos meses, la depreciación del euro y el encarecimiento de la materia prima y de los fletes han propiciado un nuevo incremento del precio, que ahora se sitúa por encima de los 12 euros.
Por otro lado, todavía existen 10 millones de usuarios, pero están desperdigados. Los distribuidores de butano se ven obligados a repartir las bombonas por zonas cada vez más dispersas y menos rentables (servicio domiciliario obligatorio), pues cada vez es más común que la canalización de gas llegue a grandes ciudades, pero no a segundas residencias de campo o localidades pequeñas. Reciben aproximadamente unos dos euros de comisión por bombona, y se puede dar la situación de que un distribuidor tenga que repartir un par de bombonas hasta una distancia de 50 kilómetros.
Con este panorama, la profesión de repartidor de butano tiene los días contados. Dentro de unos pocos años, la palabra butanero formará tan solo parte de nuestro recuerdo y nuestra herencia lingüística, al igual que la tradicional bombona de butano, que hace poco cumplió 50 años sin apenas transformaciones. Lo peor de todo, es que miles de personas tendrán que abandonar sus profesiones de toda la vida y buscar otro empleo.











Yo soy uno de esos afiladores que viste .
Me gustaria trabajar de mi oficio en tu pais ,me dices como puedo hacerlo.
Un abrazo espero tu respuesta