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Euro beat Dollar
Viniendo de ganarme unos lerus persiguiendo asegurados, que es con lo que me gano malamente la vida y me pago los pocos vicios que puedo permitirme, oía en la radio algo que llamó poderosamente mi atención. Se trataba de un grupo de escolares que respondían a la pregunta de “¿qué es para ti una peseta?”. Las respuestas eran de lo más variopintas, pero iban desde la enteradilla que decía que era una moneda de la Edad Media, hasta el gañán al que le sonaba a seta pequeña, pasando por el bellaco que decía que era algo que servía para pesar. También, por supuesto, hubo uno que me hizo mucha gracia, y que decía algo como “te lo juro por Arturo, que cinco pelas son un duro”. Además de reirme un rato y hacerme sentir mucho más viejo de lo que soy, la cuña consiguió que rememorara el instante en que el Euro entró en nuestras vidas.
Corría el año 2002, concretamente era 1 de enero, y yo celebraba la Nochevieja en la playa, en un garito acondicionado para tal ocasión, que era en realidad un semisótano con barras en el Hotel La Traiña de San Pedro del Pinatar. El motivo que me llevó hasta aquel tugurio infecto tenía tetas y nombre de meretriz. Se trataba, para más inri, de una ex novia que aún ejercía cierto poder de atracción hacia mi persona. La noche avanzó, los litros de alcohol corrían por mis venas, y el estado de ebriedad era tan evidente que hasta me atreví a descamisarme y desabrocharme el pantalón antes de que mis amigos me bajaran del escenario a empujones, completamente avergonzados. Justo a tiempo para evitar males mayores, dirán algunos, pero sepan ustedes que entre la multitud hubo gritos enfervorecidos y peticiones de bis. De aquella noche, saqué dos cosas en claro: un rollete con una chavalita catalana que pretendía guiarme por el buen camino, y mis primeros euros de un cajero. La chavalita permaneció a mi lado hasta que un taxi la alejó de mí con las primeras luces del alba, y los euros acabaron pagando unos cubatas en La Bastilla y un chocolate con churros en El Gallego, que, por cierto, me supo a gloria.
En fin, volviendo al tema de la peseta, la pobre rubia fue pasando a un segundo plano, hasta desaparecer definitivamente de nuestras vidas, sustituida por la moneda europea. ¡Qué tiempos aquellos!
El Euro llegó para quedarse, y lo hizo con fuerza. Empezó a cotizarse allá por 1999, cuando se congelaron los valores de cambio de las distintas monedas que lo integrarían, y su valor con respecto a la divisa americana se situó en 1’15 $/€. Es decir, que para pillar un leru, había que desembolsar 1’15 $ americanos. El tiempo pasó, y la confianza internacional se seguía basando en la divisa americana, por lo que el lulo común fue perdiendo valor hasta rozar los 0’84 centavos de dólar. Pero la economía no es jauja, y la inestabilidad de un país tan peculiar como EEUU, en el que la mayoría de la gente no ve más allá de sus propias narices, se paga. EEUU se limitó a seguir su rumbo fijo, sin tener en cuenta la dirección de los demás, algo que sucede con bastante asiduidad. Confiados en su posición de privilegio, siguieron sembrando tempestades. Pero un día, la dinámica comenzó a cambiar.
El Euro era una moneda molona, que estaba partiendo la pana. Europa daba muestras de ser un proyecto firme y estable, y daba mucha más confianza que un país que tiraba de guerras para llenar barriles de petróleo, y que sólo hacía migas con los de las Azores. El leru se hizo mayor, y la gente le estaba cogiendo cariño. Y eso a pesar de que en la eurozona las cosas hubieran empezado a valer un cojón por el puto redondeo al alza. Pero es que la unión hace la fuerza, y desde que tenemos un superávit de miles de millones de euros en la balanza comercial, nos queremos mucho.
Los responsables de la OPEP, que son los que producen el petróleo, se plantean ahora cambiarse al euro ante la debilidad de la divisa americana. A Europa, hasta ahora, el hecho de que el barril de crudo aumentase su precio no le había hecho mucho daño. ¿Por qué? Pues hombre, porque al pagarse en dólares, al cambio salía más o menos igual de precio. Bueno, para hacer honor a la verdad, algo sí se ha notado, pero mucho menos que si el dólar hubiera sido un monedón de la hostia y EEUU un ejemplo de gestión.
Pero ojo, una moneda tan fuerte no es todo ventajas. Para empezar, la zona euro ha perdido competitividad con respecto a los países del dólar, ya que los productos aquí fabricados ahora cuestan más fuera, y los fabricados allí cuestan menos aquí. Menudo galimatías.
Ejemplo.
1. Suponemos el mismo punto de partida, es decir, que el euro y el dólar valen lo mismo (€=$).
2. Supongamos, además, que los servicios de una profesional del sexo, a ojo de buen cubero, que de esto no soy experto, se cifran en 30 €. Ahora cruzamos el charco y vemos que cumpliendo la premisa número 1, el servicio de la señorita se paga a 30 $ la hora.
3. Bien, esta igualdad €=$, que echándole imaginación parece un cipote con unos huevos peludos, llega un momento en que se deshace. Resulta que, como sucede hoy, llega un día en que se paga el kilo de puta al cambio por 1’48 $/€. Es decir, en cada país la puta vale los mismos 30 €/$, pero algo ha cambiado si viajamos.
4. Cuando Armando Jaleo vaya de visita a New York y contrate a una señorita de vida alegre, se dirá “coño, me ha salido la puta por 20 € al cambio”. Por el contrario, Tom Tacker volverá a su país cabreado, porque la ramera le habrá soplado algo más de 44 $, y encima no se depilaba los sobacos.
Conclusión: Ir de putas está feo y supone un menoscabo de liquidez importante, pero ya va siendo hora de legalizar y regularizar esta antiquísima profesión.
Volviendo con el asunto de la OPEP, si estos cabritos decidieran que el petróleo se pagara en euros, pasarían una serie de cosas:
1. El dólar se desplomaría y dejaría de ser la moneda de referencia, y el euro aumentaría más todavía su cotización al ocupar la posición del dólar.
2. Comprar porquerías americanas nos saldría tirado de precio y, por contra, sacar un trasto “made in Europe” saldría más caro que un hijo tonto.
3. EEUU, por no poder operar internacionalmente con dólares, se vería obligado a comprar euros y pagar tasas de cambio, y la eurozona dejaría de tener que cambiar moneda por operar el mercado internacional con euros.
4. Pero sobre todo, ganarían los de la OPEP. Al ser el euro más cotizado, aumentaría más el valor del barril de crudo.
Conclusión: En fin, la economía es así. Es el efecto mariposa, que hace que te tires un cuesco en Aranda de Duero y al llegar a Fukuoka ya sea un tifón.
Euro beat Dollar.
Salvando la literalidad de las construcciones gramáticales del “inglés a la española”, viene a decir algo así como “el Euro le da una paliza al Dollar”.











No deja de embelesarme tu elegante prosa. ¿Seré algún día digno de tus letras en mi humilde cuartilla electrónica?
Un abrazo, salud y €.
secundo el comentario de Gurús Mundi. Im-presionante (y divertido a la vez)
cuanto vale el euro?
Jajajaj, me encanta la parte con las putas.