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¡Cuatro millones!
¡Oh, sí! ¡Lo hemos conseguido! Algunos decían que no íbamos a ser capaces, pero yo nunca perdí la esperanza. Si es que, cuando este país se lo propone, es capaz de cualquier cosa.
Se hicieron buenos los malos augurios y alcanzamos al fin la mágica cifra de cuatro millones de parados. Cuatro millones de personas, con nombre y apellidos, que se han quedado sin empleo. Estamos batiendo todos los records.
A pocos nos pilla por sorpresa.
La última vez que, aquí mis amigos, se reunieron en el Congreso con una sesión en directo, creí ver la luz al oír hablar a nuestros mandatarios sobre la posibilidad de tomar medidas estructurales. Se me puso cara de gilipollas enamorado, los ojos en blanco y bramé al cielo, ‘¡por fin alguien se atreverá a cambiar nuestro maltrecho mercado de trabajo!’ . Qué equivocado estaba. Desde entonces hasta hoy, nada.
En lugar de curar y desinfectar la herida, una herida muy fea y que muy probablemente hubiera necesitado puntos de sutura, nos limitamos a poner una tirita, darle un besito y decir aquello de ‘cura sana, cura sana, si no se cura hoy, se curará mañana’. Lógicamente, se ha infectado.
Y había que amputar.
La crisis se está cebando con este país, y nuestro Gobierno ha destacado por su vehemente inmovilismo. Por fin se hace pública la razón por la que ‘Barbitas’ se echó a un lado. Estos datos ya se conocían y había que anticiparse. Si se te gangrena un miembro, córtalo.
Ya no les queda crédito. Lo tienen perdido. Llegado a este punto, pudiendo tomar medidas impopulares para salvar la situación, se limitan a intentar salvar no se sabe muy bien qué. Quizá la máxima del Ejecutivo sea ’si no hemos hecho nada, ¿cómo va a ser culpa nuestra?’.
Un ejemplo.
Yo pensaba que reducirían la jornada laboral a 35 horas, con la consiguiente reducción de salario. Como contrapartida, podrían reducir las cotizaciones a la Seguridad Social y empezar a capitalizar el sistema de pensiones, con el cómputo de toda la vida laboral. Si hay poco trabajo, que se reparta un poco mejor, pero sin incurrir en recortes netos de salario. Se ahorrarían muchos gastos sociales derivados del paro. Además, facilitaría la conciliación de la vida la vida laboral con el ejercicio de una profesión. Si queremos parecernos a nuestros vecinos europeos, sobre todo siguiendo los modelos francés y alemán, las 35 horas son un paso lógico.
Ya digo que es sólo una de tantas propuestas. Quizá mejor que no hacer nada.
Otras, mal que nos pese, pasan por abaratar el despido. Mejor despedir a la mitad que tener que echarlos a todos. Pero esto no ocurrirá con los actuales costes de despido, ya que es mejor en muchos casos echar el cierre y liquidar las deudas con lo poco que haya.
¿Y qué pasó con la contratación a tiempo parcial? ¿Cómo puede menospreciarse un tipo de contrato que da trabajo a gran parte de la población europea? Por lo visto, eso sólo queda para países desarrollados y grandes multinacionales.
Preguntas sin respuesta. Como en ‘La Historia Interminable’. La nada. Un croma en blanco con la cara de Zapatero.
En fin, ya tenemos en mente el próximo objetivo. Los cinco millones de parados. Quizá así consigamos que nos saquen de Europa y del Euro. Nos lo estamos ganando a pulso.
¡Momentos musicales!
El fiasco del G 20
Estaban llamados a refundar el capitalismo, pero al final todo fue una ilusión.
El mundo estaba muy pendiente de la reunión de las 22 economías más poderosas del planeta. Una reunión que se auto proclamaba heredera de aquella en la que, entre el 1 y el 22 de julio de 1944, en la pequeña villa de Bretton Woods, New Hampshire, las 44 economías más representativas de aquel entonces se reunieron para establecer el que sería el Nuevo Orden Económico Internacional. Hace ahora 64 años, realmente se vieron resultados, con el nacimiento del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, o con la aplicación de la paridad dólar-oro.
Cierto es que quienes más salieron ganando con aquella pantomima de Bretton Woods fueron los USA, los únicos que estaban en condiciones de negociar y, por qué no decirlo, ‘comprar’ a sus compañeros de batallitas una posición ventajosa para el futuro norteamericano, respaldados por los enormes beneficios que la venta y alquiler de su maquinaria bélica en la 2ª Guerra Mundial les había dejado, así como por los beneficios más que probables de las jugosas inversiones en la reconstrucción de una Europa en ruinas. Cierto es, además, que en 1957 se puso fin a la paridad fija del dólar con el oro, debido a la conocida incapacidad yankee para dirigir los designios del planeta. Pero coño, aquellos días se hicieron grandes cosas.
Ahora, con la peor crisis que ha conocido la humanidad desde 1929, con la oportunidad de sentar las bases para hacer del mundo un lugar mejor, resulta que han ido de acampada a la Casa Blanca, presumiendo de lo amiguísimos que son, invitándose a sus respectivas casas para veranear, tomando láminas de foie con reducción de módena y brioche caramelizado con aceite de gengibre, magret de pato confitado a la miel y, para lo que era imprescindible la aportación española, unos buenos caldos de Rioja y Ribera de Duero, para que el menú no haga bola.
Lamentable.
Y es lamentable, porque nada ha salido de allí. Básicamente, cada uno ha ido a exponer lo que ha hecho en casa, lo que esperan conseguir con ello y… Santas Pascuas. Ni compromisos ni actuaciones ni nada de nada. Debe ser que lo están haciendo de puta madre y que no hay nada que mejorar.
Se esperaba que se creara un organismo de control internacional para evitar, entre otras cosas, un nuevo desastre financiero como el de los últimos meses, pero se ha rechazado, sobre todo por parte de EEUU, por oler a intervencionismo. Ya sabemos que tratándose de EEUU y del liberalismo salvaje y a toda costa de la Administración republicana de Bush, iba a ser difícil. Si es que encima jugaban en casa. Veremos qué sucede con la Esperanza Negra, Barack Obama.
Se esperaba, y con ansia, que España aportara, además de sus excelentes caldos, el modelo financiero que ha sido alabado por infinidad de economistas y publicaciones especializadas. Pero ni eso. Ya decía yo, que qué pintaba allí Zapatitos, que ni habla francés ni inglés ni nada que no sea castellano-leonés. ¿O es que no lo habéis visto acurrucado en su silla, hecho un ovillo, solo solísimo en las reuniones de la UE?
“Mayor transparencia”, eso es todo. Menudo compromiso. Esto es como si nos entraran a robar en casa por tener una cortina en lugar de una puerta, y dijeramos, “no nos preocupemos, cambiaremos la cortina”. Una puerta, imbéciles, poned una puerta.
Algunos dirán que ya es algo que las 22 economías más importantes se hayan reunido. Pero es que la idea era que algo saliera de allí, no solo que se dieran palmaditas en la espalda y se dijeran “¡oh, qué buenas ideas tienen ustedes, y qué mujeres más guapas!”.
En fin, esperemos que quiten la cortina y que nos pongan una puerta. Pero eso sí, con picaporte y cerradura.
Fijar un precio: Teoría Vs. Realidad
En mi carrera, el mundo gira en torno a la maximización de beneficios. Para hacer esto en el mundo real, uno debe actuar primero en lo que más a mano tiene, que son los costes propios, y después estudiar a los potenciales consumidores, la elasticidad de su demanda y su disposición a adquirir nuestro producto en función al precio, para determinar en último lugar el propio precio de venta.
Esto, claro, es a grandes rasgos, ya que todavía faltarían por estudiar muchos otros factores para determinar nuestros márgenes y adecuar nuestras expectativas de negocio a corto, medio y largo plazo. Pero para lo que quiero tratar de explicar, con lo dicho hay más que suficiente.
Las verdaderas razones del aumento del precio del petróleo
En entregas anteriores, hicimos un pequeño repaso de las razones por las que hoy nos encontramos en una situación de ‘caída libre’. Llegamos a la conclusión, además, de que uno de los grandes culpables de la situación actual, junto con la explosión de la burbuja inmobiliaria, era el brutal aumento que está experimentando el precio del petróleo. Hoy, me propongo tratar de explicar qué es lo que está ocurriendo con este preciado y viscoso elemento.
En la sociedad actual, existen dos maneras de crear la energía que hace girar al mundo: la barata y la cara.
La barata es la que se identifica con las energías fósiles, como el carbón, el gas y el petróleo, que a su vez son energías perecederas. Nos referimos, por supuesto, a energías baratas económicamente, ya que obtenerlas y transformarlas en energía suponen un proceso relativamente sencillo y poco costoso. Pero claro, tienen el inconveniente de no ser nada rentables desde un punto de vista ambiental y sostenible, conceptos estos que están tremendamente reñidos con el principio fundamental de la economía, el de reducir costes.
La energía cara, requiere grandes inversiones en estructuras y manteniento, como la eólica, la solar o la hidroeléctrica, todo para conseguir un rendimiento energético mucho menor. Como argumento a favor, tenemos que se trata de una energía limpia e inagotable, lo que a largo plazo debería ser suficiente para acercarse a ellas, desde el punto de vista de la sostenibilidad.
Existe una tercera vía, la nuclear, pero que no goza de buena fama por su peligrosidad, a pesar de resultar una energía tremendamente rentable y sin contaminación ambiental. Eso sí, está el tema de los residuos nucleares. Yo, al menos, no la habría descartado tan a la ligera como sustituto inmediato del petróleo.
Pero claro, sucede que a día de hoy sale más barato invertir en energías fósiles, a costa de contaminar una miajica más, para no tener que hacer grandes desembolsos en renovables o en investigaciones en fusión fría, que pueden no llevar a ninguna parte, amén de ralentizar el crecimiento del PIB.
La conclusión es evidente. A menor coste y mayor rendimiento, se opta por contaminar. La consecuencia inevitable es el deterioro del planeta y el agotamiento de los recursos fósiles.
Centrándonos en el petróleo, resulta ser el elemento energético más rentable de todos. Es extremadamente fácil obtener energía de él, y por lo tanto, es el más extendido.
Hasta ahora, yacimientos petrolíferos y consumo parecían ir de la mano. Allí donde clavaras una azada, te salía crudo a borbotones, por lo que el crecimiento de la producción y su consumo crecían casi de manera exponencial. Pero de un tiempo a esta parte la cosa ha cambiado. No hay nuevos yacimientos.
Los países más avanzados se han encontrado, además, con la aparición de nuevas economías pujantes, como es el caso de las asiáticas, a las que hay que sumar el aumento de demanda proveniente de los países latinoamericanos.
Pues ya la tenemos liada. Más demanda, misma oferta, mayor precio.
Surge entonces un nuevo concepto: el ‘peak oil’. Según la Teoría del Pico de Hubbert, o cénit del petróleo, la producción mundial de crudo alcanzaría su máximo entre 1995 y 2000, reduciéndose entonces tan rápidamente como había aumentado hasta ese día. Nos referimos, por supuesto, a que desde el día en que la producción del petróleo alcance su máximo, nos dirigiremos inexorablemente hacia el agotamiento real del mismo a nivel mundial.

La predicción no fue del todo acertada en cuanto a fechas, pero sólo había que retrasar el punto crítico diez años. Ahora, según estiman algunos expertos, el cénit se alcanzó en algún momento entre 2006 y 2007, punto éste en el que el precio del barril de brent comenzó su imparable ascenso hacia el infinito.

¿Y ahora qué? Pues nada, es el fin del petróleo barato. A partir de ahora, el crecimiento de su precio será imparable, y sus consecuencias para la economía mundial, devastadoras. Si las predicciones son ciertas, nos estamos enfrentando al fin del mundo tal y como lo conocemos. Es el fin de nuestro actual estilo de vida. Dudo que lleguemos a ver un mundo apocalíptico a lo Mad Max, pero tampoco lo descartemos.
¿Qué? ¿He oído estanflación? Espera, que me da la risa. Esto sí tiene una razón clara, no como ese vago concepto ‘mágico’ para explicar lo que aparentemente era inexplicable.
Aquí os dejo un resumen visual muy claro y muy entretenido del asunto. Una muestra, además, de que las cosas buenas también pueden ser ‘verdes’.
Sin duda, es el momento de reinventar el mundo. De empezar a ser conscientes de que nosotros mismos somos los culpables de la situación actual, y de que sólo nosotros podemos revertirla. Señores, es el momento de votar a Los Verdes.
La huelga de transportistas, o cómo es posible que la gente sea más estúpida que mi pene
Llevo algunos días oyendo hablar al populacho sobre la imparable escalada de los precios y sus consecuencias para nuestros bolsillos. Es curioso, pero cuando se trata de resolver los problemas económicos del país, hasta el más necio se convierte en un experto economista. Esta mañana, sin ir más lejos, he visto a Massiel dando una ‘clase magistral’ sobre la crisis y sus devastadores efectos a corto y medio plazo, no te digo más.
Básicamente, el pensamiento generalizado es que “los políticos nos llevan a la ruina”. Si el que subscribe es votante del PP, la queja es más concreta: “Zapatero nos lleva a la ruina”. Pero ándate con ojo si pretendes hacer oposición a uno de estos individuos, porque razonar con ellos es como intentar explicar a una cabra la razón por la que no debe comerse el espumillón que rellena el sofá.
El detonante de la crisis actual, como no puede ser de otro modo, es el vil metal. La imparable escalada de precios, en cuyo trasfondo se encuentra el petróleo, y la subida de los tipos de interés, han hecho saltar por los aires la confianza y la paciencia de una muchedumbre enfervorecida.
No. En ambos casos, Zapatero no tiene la culpa. De otras cosas puede que sí, pero de llevar al país a la ruina ya nos encargamos nosotros solos. ¿Por qué? Vamos a ver.
1. El petróleo, ese gran desconocido
El petróleo es un bien escaso. Como bien escaso que es, la producción se encuentra limitada y la pujanza de los tigres asiáticos, tal que China, hacen que la demanda supere con creces a la oferta actual de oro negro. La consecuencia inevitable es que, a mayor demanda, los países miembros de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) se encuentran en disposición de subir el precio.
La gran pregunta es, ¿cuánto? Pues, desgraciadamente, tanto como quieran. Esto no es como vender naranjas, que todo el mundo puede producirlas y, si no te gusta el precio, se las compras a otro o te las cultivas tú mismo. O le compras el crudo a la OPEP, o no compras, así de simple.
¿Es España miembro de la OPEP? No. En España no hay petróleo. Lo peor no es que no haya petróleo, es que además, para producir la energía que necesitamos, la que se chupa nuestro coche, nuestro aire acondicionado, nuestras bombillas de bajo consumo o nuestra pobre y maltrecha industria, requerimos petróleo.
“Bueno, hay energía hidroeléctrica”, dirán algunos. Sí, haberla, hayla, pero en España lo que no hay es tantos ríos ni tanta agua, y, por consiguiente, no hay suficientes saltos de agua para generar la energía que consume el país.
“Y qué hay de las renovables, como la solar o la eólica”. A largo plazo estaría bien, pero aún no es del todo rentable producirla, y te recuerdo que el problema lo tenemos HOY, no a largo plazo, y las soluciones deben estar orientadas en este sentido.
“También podrían rebajar el precio de la gasolina, que he oido que el 50% son impuestos“. ¿Y qué solución sería esa? A la larga, el precio seguirá subiendo, y rebajando el impuesto sólo conseguiríamos mermar la capacidad de actuación del Estado, que tendría que reducir su financiación en la Sanidad o la Educación. Además, deberías saber que la mayoría de ese impuesto va a parar a manos de la Unión Europea, y no a las del Gobierno español, que apenas se queda con veintitantos céntimos del total para destinarlas al Estado del Bienestar. No, aquí no se puede hacer nada, o mejor dicho, mejor no hacer nada.
La solución, mal que nos pese, pasa por comprar una bici, ahorrar energía y aguantar la que está cayendo. A medio y largo plazo, por supuesto, se deben mejorar las infraestructuras para reducir los costes del transporte de mercancías y pasajeros, véase líneas férreas al más puro estilo de la Europa central. Más aún, si queremos reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, mucho me temo que tendremos que invertir en impopulares centrales nucleares, a la espera de la fusión fría, y aguardar con calma a que la nueva generación de automóviles incluya la ansiada pila de combustible para sustituir a la flota actual de petróleo-dependientes. Aquí el Estado sí que tendrá culpa y margen de maniobra suficiente.
Resumiendo muy mucho. A menos que el señor José Luis Rodríguez Zapatero tenga un pozo petrolífero en su jardín, no se le puede culpar de nada más que de falta de reflejos para esquivar la lluvia de improperios.
2. Los precios se hacen mayores
La subida de precios viene motivada por el punto anterior. ¿Cómo se llevan los productos del punto A al punto B? Con camiones, barcos, etc. Medios de locomoción que se valen de gasoil para su cometido. Pues ya está. Si vale más mover el producto, vale más el producto, esto es matemática y sentido común.
¿Acaso tiene Zapatero un camión y se dedica a transportar ganado? Creo que no.
Ahora bien, sí es cierto que transportistas y pescadores lo pasan mal, pero… ¿qué le vamos a hacer? Las reglas del juego son iguales para todos, queridos amigos, y si no os gustan, siempre podréis huir a algún paraíso comunista, que creo que en Cuba viven todos como reyes.
Si la flota gallega no puede competir en costes con la marroquí… renovarse o morir, amigos. Que hay que ver los barcuchos con los que salen a faenar, no me extraña que no les salga rentable. Hay que invertir en capital, en renovar la flota, que sin ambición no se llega a ninguna parte, y en este mundo sólo los más fuertes sobreviven. Además, si tan poco pagan y tantos intermediarios hay… ¿por qué razón no son ellos mismos los que hacen llegar el producto al consumidor? ¡Qué bien vivimos, compañero!
Tiene difícil solución lo del carburante, sí. Pero su guerra, no os equivoquéis, no es la nuestra. Están perjudicando al consumidor y aumentando más los precios. Ellos son, en su mayoría, autónomos sin dueño ni amo. Pactan sus precios por transporte libremente, y según lo que declaran, pagan unos impuestos. Pues bien, resulta que además de reducirles los impuestos, poco se puede hacer por ellos. Sólo corren el riesgo de que otro lo haga más barato, pero entonces, ¡no me jodas! ¡Simplemente se trata de que no quieren trabajar en un mercado de libre competencia! Pues bienvenidos al mundo real, en el que siempre hay alguien que lo hace más barato.
¿Acaso pretenden que el Estado les pague el gasoil con el dinero de todos los españoles? Pues va a ser eso.
3. Mi hipoteca, peor que un hijo tonto
¿Tienes una hipoteca contratada a interés variable? Lo siento por ti. ¿Acaso fue Zapatero a verte para convencerte de que compraras una casa? Lo dudo.
Para mí, como ahorrador, es un buen momento. Los intereses que me ofrecen son muy atractivos. Yo pago al contado, para evitarme los intereses, y no tengo prisa por comprar una casa, y menos mientras veo como los precios se desploman.
“Una vivienda es una buena inversión”, “los precios de las casas nunca bajan”, “alquilar es tirar el dinero”… ¿cuál de tus amigotes ha hecho las veces de asesor financiero y ha soltado alguna de estas perlas? Pues cuando te lo cruces, pártele los dientes, porque ahí tienes a tu culpable. Y la próxima vez, consulta a un profesional. Ojo, profesional, no promotor inmobiliario ni comercial bancario.
La estabilidad económica, que es una cosa de la que ya hablamos aquí, tiene mucho de variable. En economía existen ciclos de expansión y ciclos de reajuste o recesión. En 1991 hubo una crisis importante y, hasta hoy, no nos habíamos acordado de ella.
Ahora, llama de nuevo a nuestra puerta. Los bancos han cometido ciertos excesos y han dado dinero a gente que no era de fiar. Ahora que pintan bastos, se recluyen en sus madrigueras y suben los intereses, léase Euribor. Fijar el tipo de interés, que es más o menos lo que se estima que cuesta el dinero, es cosa del Banco Central Europeo, no de ZetaPé, así que ya sabes quién NO tiene la culpa de que te suba la hipoteca, patán. Huelga decir que, a mayor inestabilidad e incertidumbre, como sucede actualmente, mayor es el tipo de interés que fija el Banco Central.
Insisto. Te has dejado engañar, y lo siento, pero la culpa de comprar una casa en esas concidiones, querido amigo, es sólo tuya, y de nadie más.
4. Conclusión a grandes rasgos
La cosa está muy mala, es cierto. Pero la verdad es que el Gobierno no puede hacer nada, más allá de capear el temporal y esperar tiempos mejores. La crisis es mundial.
Lee libros y revistas de divulgación, estudia modelos económicos, repasa la historia económica pasada y reciente, comprende las peculiaridades de la organización económica mundial actual, y reposa en casa todos estos conceptos para emitir un juicio de valor, que proponga soluciones al conflicto y no una mera crítica sin fundamento. Pero por favor, deja de escuchar la Cope y léete el programa del PP la próxima vez antes de votarlos. Ni España se rompe, ni Zapatero es el diablo.
Dios bendito, que esto es como culpar al Gobierno de que se me haya estropeado la lavadora o de que mi perro ladre de madrugada.
Recordad que más vale ‘parecer imbécil, que abrir la boca y confirmarlo’.


