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Maternidad en Caja Navarra
Muchas mujeres deciden retrasar el momento de tener hijos, porque esta circunstancia interrumpe sus carreras profesionales. Nunca parece el mejor momento para decidirse. En el mundo en que vivimos, sí o sí, tener hijos supone un parón profesional, y carreras potencialmente brillantes pueden verse frustradas con solo dar la noticia. Promociones que nunca llegan, malas caras por tener que salir a la hora, o por ausentarse debido a la enfermedad de los hijos.
Sin embargo, una empresa española, Caja Navarra, ha decidido apoyar a sus directivas y predirectivas, con un “Protocolo de Maternidad” que permite desarrollar un embarazo en un ambiente laboral propicio para ello. Este plan, según CAN, asegura la igualdad de oportunidades. En mi opinión, si no lo hace de facto, al menos ayuda mucho. Y no debe verse como un regalo para ellas, sino una estrategia inteligente por parte de CAN, para asegurar el crecimiento armónico de la empresa y no desaprovechar el talento de sus empleadas.
Este protocolo se pone en práctica cinco meses antes del parto o la adopción con la asignación de una persona que, primero con periodicidad quincenal y después semanal, trabajará conjuntamente con la profesional embarazada para garantizar la transición de funciones durante el periodo de ausencia de la baja maternal o de excedencia, si la hubiera.
Además, la nueva madre contará con los medios tecnológicos necesarios para, si lo desea, mantenerse informada de los asuntos relevantes que se producen durante su ausencia. A su regreso, convivirá un par de semanas con la persona que le ha sustituido para ponerse al día.
En Gran Bretaña, se ha llevado a cabo una encuesta sobre “Las mejores empresas para trabajar si eres padre”. Si esta encuesta se hiciera en España, probablemente Caja Navarra aparecería en los primeros puestos.
Veredicto: Todas las empresas españolas deberían adoptar medidas similares, demuestran un alto grado de madurez y compromiso con sus empleados.
A debate: Cómo medir la eficiencia laboral
Siguiendo un poco en la misma línea que el debate de la semana pasada, pero con un enfoque distinto, el dilema planteado en este post gira en torno a los indicadores de la eficiencia laboral.
En economía se entiende por eficiencia la capacidad para lograr un fin empleando los mejores medios posibles. Trasladando la definición al ámbito laboral podríamos decir que la eficiencia es la capacidad para lograr las tareas propuestas con el mejor resultado posible, es decir, utilizando el mínimo de recursos. Podríamos hacer además una simplificación/asimilación de los conceptos eficiencia y productividad, definiendo como productividad la relación entre lo producido y los medios empleados para ello.
Llegados a este punto, la pregunta siguiente es; ¿cómo mide la empresa la eficiencia del trabajador? En España ocurre algo curioso, y es que en el ámbito laboral se entiende que es más productivo el empleado que pasa más tiempo en su puesto de trabajo, pues se mide el concepto de productividad en función de este baremo. Así pues, en muchas empresas se penaliza al trabajador rápido, eficiente, que termina sus tareas en un menor tiempo y por tanto no tiene necesidad de trabajar por encima de su horario laboral.
Se suele decir de estos empleados que se les cae el boli cuando llega la hora de salir, y se les culpa de poco compañerismo porque nunca hacen horas “extra” y sus compañeros sí. No obstante, su argumento de defensa es el retrato de aquellos empleados que cada día se quedan un rato más, aparentemente haciendo un sobreesfuerzo para realizar más cantidad de trabajo, sacrificándose por la empresa. Sin embargo, en muchos casos estos empleados son menos eficientes a lo largo de su jornada laboral, y lo que hacen es una campaña de marketing de sí mismos, puesto que, como venimos diciendo, en este país hacer horas extra da puntos. Al mirar los resultados globalmente, aunque hayan pasado una media de seis horas semanales más en su puesto de trabajo su nivel de productividad no es mayor que el de los que se marcharon a su hora. Otras veces ocurre que el resultado del trabajo de estos empleados sí que tiene una calidad visiblemente superior, de manera que interviene en el proceso un concepto difícilmente reducible a números.
En otros países, especialmente en el norte de Europa, hacer una jornada laboral mayor de la que se propone inicialmente es indicativo de ineficiencia, puesto que se entiende que la persona no sabe gestionar bien su tiempo, con lo cual, necesita más para hacer el mismo trabajo que un buen empleado haría mucho más rápido.
Así pues, la pregunta del millón es; ¿es más productivo el empleado que trabaja más tiempo o el que obtiene mejores resultados?
Acciona es verde
Acciona Energía ha sido premiada como mejor compañía promotora de energías renovables del año, por su biodiésel, “un producto sostenible, por tener ventajas sociales creando empleo en el medio rural, por su efecto multiplicador y por facilitar la obtención de los objetivos medioambientales.
Además, la compañía cerró 2006 como mayor desarrollador europeo de parques eólicos, con 722 megavatios (MW) instalados, una tendencia mantenida en lo que va de año 2007.
Veredicto: Acciona demuestra con su estrategia empresarial su compromiso con la sostenibilidad, no solo por invertir parte de sus beneficios en I+D en energías renovables, sino por demostrar al mercado que esta es una opción viable, y por el papel que supone en la concienciación social.
A debate: ¿Puntualidad en la empresa?
Todo el que haya tenido una vida laboral más o menos larga se ha dado cuenta de que cada empresa es un mundo, y la exigencia de puntualidad es uno de los aspectos en los que más se nota.
Desde el jefe pesado, que te mira mal si llegas a las 9:01 (porque tu minuto de retraso le ha hecho perder un x % de los beneficios), hasta las empresas que se enorgullecen de la “flexibilidad horaria”, gracias a las cuales el empleado se puede ahorrar cada día un buen rato de atasco simplemente por llegar media hora más tarde o más temprano, la variedad de posturas respecto a la puntualidad es tan amplia como el número de empleados y empleadores.
Pero, ¿afecta la puntualidad de los empleados a la imagen de la empresa?¿Qué pensamos como clientes cuando llamamos a una empresa a las diez de la mañana y no hay nadie para atendernos? En muchas ocasiones, el jefe es el primero que se salta la norma. ¿Debe predicar con el ejemplo?.
Además de afectar a la imagen, ¿afecta también a la productividad y a la organización de una manera negativa?
Por otro lado, desde el punto de vista del empleado, ¿qué es preferible, un horario extricto y exacto, o un horario de entrada y salida flexible? Quizá el trabajo perfecto sería aquel donde pudiéramos elegir nuestro horario cada día, en función de nuestra agenda personal… ¿estamos soñando?
Una vez más, el ladrillo triunfa sobre el medio ambiente
Ha sido difícil elegir un ángel o un demonio esta semana. Había varios candidatos, y la disputa estaba reñida. Sin embargo, finalmente por la dimensión de sus despropósitos ha ganado Inveralde.
A esta compañía, que solo es conocida en su casa y en Ávila, la juzgamos esta semana por haber talado más de 6.000 pinos para construir una urbanización de 7.500 viviendas y tres campos de golf en una aldea de 156 habitantes. Y todavía le quedan al menos otros 10.000 pinos.
Como no sirven para nada, pues no pasa nada por cortarlos. Todo ello, por supuesto, en la más estricta legalidad, amparada por la Junta de Castilla y León y por unas normas que datan de los años 80.
La cuestión se agrava cuando se conoce que la Confederación del Duero les ha denegado la licencia de agua. Actualmente, los 156 vecinos de la aldea se abastecen con camiones cisterna. Pero, ¿cuántos metros cúbicos de agua hacen falta para dar de beber a una población de 7.500 viviendas? Yo te lo digo: 7.500 viviendas hacen un total aproximado de 22.000 habitantes, lo cual significa 2,5 millones de metros cúbicos de agua al año.
No me extraña que la Tierra esté a punto de explotar, lo que me extraña es que no haya explotado ya.
En fin, que para más detalles, ya tenéis la noticia la publica hoy El País.
Veredicto: Aunque Inveralde esté actuando en la más estricta legalidad, existen conceptos como “responsabilidad social” y “responsabilidad medioambiental” que deberían respetarse, y castigarse si no se respetan.
Me queda la esperanza de no haber sido la única que se ha escandalizado al leer la noticia.
