Solbes se cubre de gloria
Después de recomendarnos a todos que nos pasáramos al conejo navideño, después de insinuar que la subida de precios se debe a que no hemos interiorizado lo que vale un euro, Don Pedro Solbes vuelve por sus fueros y dice ahora que “Europa está preparada para una desaceleración”.
Ojo. Yo no dudo de que Europa esté preparada para afrontar una desaceleración económica. De lo que dudo es de que este señor se haya enterado de que a lo que nos encaminamos en España, bendito país, es a una crisis con todas las letras, no a una mera desaceleración. Es lo que tiene poner de Ministro de Economía a un tipo que se ha doctorado en Ciencias Políticas y se ha licenciado en Derecho, que en cuestiones monetarias, el señor Vicepresidente Segundo es más bien un autodidacta.
España, mal que nos pese, no es Europa, al menos económicamente, y por tanto la situación que se vive en los distintos ámbitos no es extrapolable. En España, el crecimiento del PIB se ha basado en el ladrillo. La lógica consecuencia de no tomar medidas es la que vivimos hoy: el ladrillo se marchita, los empleos se columpian y el crecimiento del país se va al carajo.
Nuestra economía no es competitiva ni productiva. Con un profesor de mi Facultad, comentábamos no hace mucho en clase que “difícilmente Europa liderará en las próximas décadas al mundo, pero es que España no lo hará jamás”. Hacía este comentario en alusión a la inversión I+D que realizaba España. Mientras EEUU y Japón destinaban el 3% de su PIB a I+D y en Europa se destinaba de media un 2%, en España apenas llegábamos a destinar un 1%, y redondeando al alza. Pero es que te da la risa cuando ves que en los Presupuestos Generales, el Gobierno mete en I+D cosas como la reparación de tanques o la compra de aviones de combate de segunda mano, hasta un 30%. Lamentable.
Pero si queremos convertir esta herida en lacerante, baste observar que España (6.800 millones $) destina en su conjunto menos capital a I+D que la estadounidense Ford (7.200 millones $) y casi lo mismo que la europea Siemens (6.000 millones $). Todos estos datos para el año 2002.
Está bien, en España el entramado económico está formado por Pymes. Es difícil que la pequeña y mediana empresa se meta en estos ‘embolaos’. Pero, ¿qué es más productivo? ¿Un euro invertido en investigación por el Gobierno, que no depende de los resultados para continuar su actividad? ¿O un euro invertido por capital privado, que sí puede obtener grandes beneficios de la misma investigación? Por el interés te quiero, Andrés.
El empresario innovador tiene una ventaja, ya lo dijo Schumpeter. Pero éste es otro tema.
Volviendo con el señor Solbes, parece ser que desde la Moncloa siguen con atención el desarrollo de los acontecimientos para tomar medidas. Este hombre no debe haber escuchado nunca eso de que “más vale prevenir que curar”, porque de otra forma no se explica. ”A ver si vamos a solucionar algo antes de tiempo, que están las elecciones aquí encima… mejor nos enmierdamos un poco”.
“No hagamos caso de las señales”, podría ser la postura oficial de nuestro ministro. Para él, que la Bolsa española haya perdido un 17% desde principio de año y se dejara un 7% ayer mismo, como consecuencia de los malos datos económicos que se van conociendo, es una situación que “no debe exagerarse”. El FMI dice que la cosa es “seria”, pero qué van a saber éstos comparados con nuestro Ministro de Economía sin título de Economía…
Todos tranquilos. Que las cortinas estén ardiendo no debe preocuparnos. Ya habrá tiempo de preocuparse cuando empiecen a arder los muebles.
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1. El muñequito del número uno al lado, es una personita. Esa personita se ha visto constantemente bombardeada con la información que le envían los medios, que dicen que la cosa va mal, que está creciendo la inflación, el paro, el pan, la leche y la gasolina, es decir, todo menos el conejo y los salarios. La personita recibe toda esa información que divulgan los medios, la procesa, la asimila y se la cree. Hasta ese momento, sólo tenía señales de que algo estaba pasando, pero a ciencia cierta no podía decir que hubiera notado nada.
El pasado 17 de diciembre, los trabajadores del Metro de Madrid comenzaron una huelga indefinida. Particularmente, opino que los madrileños bien podrían ahogarse en sus propios excrementos, pero al margen de mis odios personales por el centralismo practicado en este país, creo que es mi obligación solidarizarme con los usuarios de los transportes públicos. Sobre todo después de ver las imágenes en las que unos desaprensivos, supuestamente los propios trabajadores en huelga, rociaban los tornos del Metro con un líquido que provocó numerosas caídas entre los viajeros.